Cursos
Vídeo

Seminario introductorio

Lección 2

CALLE HOYT

María Elena Ponce

La memoria es algo misterioso – y poderoso. Olvida lo que más queremos recordar, y retiene lo que con frecuencia deseamos olvidar. De ahí extraemos lo necesario.

     Calle Hoyt: Recuerdo de una juventud chicana comenzó como un ensayo informativo para un seminario folklórico.

Como estudiante de antropología y estudios chicanos en la Universidad Estatal de California, Northridge (1974-80), efectué un estudio comparativo de las costumbres de Semana Santa en tres diferentes generaciones: abuelos, padres y mi propia familia. Al evocar los detalles de la Semana Santa, lo que hacíamos, lo que comíamos, comencé a rememorar otros eventos – las cosas divertidas que ocurrían en nuestro pueblo de Pacoima, California: el circo, las jamaicas, las misiones, las vistas. Cada evento era un posible cuento.

Calle Hoyt, número 13011

El pueblo de Pacoima se encontraba al noreste de Los Ángeles, como tres millas al sur de la ciudad de San Fernando. Las montañas de San Gabriel con tonos azules y grises, se elevaban hacia el oriente y poblaban la región.

     La mayoría de la gente del pueblo eran emigrantes mexicanos, como mis padres, quienes se habían mudado a Pacoima en los años veinte. Al otro lado de los traques vivían los americanos; muchos de ellos eran Okies. Había pocos negros en el área hasta principio de los años cincuenta cuando el terreno de vivienda Joe Louis, cerca del bulevar Glenoaks, permitió que los exsoldados negros compraran tierra allí.

Vivíamos en la calle Hoyt número 13011, a una cuadra de la parroquia y de la Tienda General de Pacoima ( a la cual llamábamos la tienda blanca), y a dos cuadras de la Pacoima Elementary, la Escuela primaria de Pacoima.

Nuestra casa fue construida con tres cuartos: la cocina y dos habitaciones. La cocina era grande y se extendía a lo largo de la casa.

A medida que nuestra casa fue amplificada, también creció el número de parientes que venían de México en busca de trabajo. Mi primo Andrés que era muy guapo y tenía los ojos verde-azules, y José a quien comenzamos a llamar Joe, se quedaron a vivir con nosotros. Y aun otros dos hermanos que también eran primos nuestros se mudaron al cuarto de los hombres. Al principio no hablaban inglés, y cada vez que se les hacía una pregunta contestaban diciendo “What?”; fue por eso que les pusimos de apodo “Los Whats”. Y aunque aprendieron a hablar inglés en menos de un año, se les quedó el sobrenombre.

Pen
>